lunes, 10 de noviembre de 2025

 
El Quisqueya puede renacer en el Malecón

Noticias D AKI Y D AYA                                                                                                                                                             Por: Lino Estevez 

El presidente Luis Abinader creó una Comisión para evaluar la viabilidad de construir un nuevo estadio o remodelar el actual Estadio Quisqueya–Juan Marichal. La propuesta ha despertado un amplio debate entre fanáticos, urbanistas, economistas y cronistas de deportivos.

Las posibles opciones van desde una remodelación profunda hasta la reconstrucción total, que incluiría un estadio moderno acompañado de hoteles, restaurantes y otros servicios complementarios. La Major League Baseball (MLB), interesada en la posibilidad de realizar juegos oficiales en el país, ha enviado sus sugerencias y requerimientos técnicos para garantizar que cualquier nueva instalación cumpla con los estándares internacionales.

Hasta ahora, el proyecto se mantiene en fase de evaluación. Analistas locales estiman que la construcción o reconstrucción podría tardar alrededor de dos años, dependiendo del tamaño del proyecto y del proceso de licitación de los oferentes.

Modernizar el Estadio Quisqueya no solo busca mejorar el área deportiva; también pretende revitalizar el entorno urbano del Ensanche La Fe y zonas aledañas, atrayendo inversión privada y nuevos negocios. Un estadio moderno y multifuncional podría convertirse en un ícono arquitectónico y turístico para Santo Domingo.

Sin embargo, hay realidades que no deben ignorarse del Colozo de la Fe, que aunque es parte del patrimonio deportivo nacional, se encuentra en un área altamente congestionada, con problemas de tráfico, ruido y deficiencia lumínica. Además, su cercanía a un centro de salud y la falta de transporte masivo directo lo hacen un tanto incómodo para quienes asisten al gran estadio icono del beisbol nacional y otros eventos que se realizan en sus terrenos.

Ante este panorama, surge una alternativa más sensata: trasladar el estadio a los terrenos de la Feria Ganadera. Este espacio cuenta con amplias áreas planas, excelente conexión vial —a través de las avenidas George Washington, Luperón e Independencia— y distancia suficiente de las zonas residenciales para evitar conflictos por ruido y tránsito.

La ubicación también permitiría integrar el nuevo estadio al corredor turístico del Malecón, zona que cuenta con hoteles, restaurantes y áreas de esparcimiento ideales por su proximidad. Incluso podría pensarse en parqueos estructurados para el flujo vial, diseñados con criterios de eficiencia y modernidad, algo difícil en la zona del estadio Quisqueya

Además, el acceso al Metro de Santo Domingo y su conexión con la Línea II facilitarían la movilidad desde diferentes puntos de la ciudad, implementando un sistema con rutas de autobuses o transporte alternativo desde la parada del metro al nuevo complejo que completaría una red eficiente, ágil y segura.

Otra ventaja clave sería la posibilidad de desarrollar un nuevo proyecto bajo un modelo de alianza público–privada (APP). Un estadio multifuncional y rentable —capaz de albergar no solo béisbol, sino conciertos, ferias y eventos culturales— podría garantizar ingresos sostenibles y dinamizar la economía local sin depender exclusivamente de fondos públicos.

En definitiva, remodelar el Estadio Quisqueya sería una mejora limitada y costosa para un espacio saturado. En cambio, construir un nuevo estadio en la Feria Ganadera representa una visión de ciudad moderna, con planificación urbana y proyección turística.

El viejo estadio Quisqueya tiene un valor simbólico indiscutible, pero Santo Domingo necesita mejorar. Crear un estadio nuevo en el litoral costero no solo preservaría el legado del béisbol dominicano, sino que lo elevaría a una dimensión internacional, acorde con la modernidad, el desarrollo y grandeza del deporte rey de los dominicanos. ¡Play Ball!

lunes, 27 de octubre de 2025

 
   PARADOJA  DEL CONOCIMIENTO 


Noticias D AKI Y AYA                                               Por: Lino Estevez

Vivimos en una era sin precedentes en la historia humana. Nunca antes habíamos tenido tanto acceso a la información. En cuestión de segundos, cualquier duda puede resolverse con una búsqueda. Todo está a un clic: datos, teorías, ideas, experiencias humanas completas condensadas en un buscador, una red social o una aplicación de inteligencia artificial.

Sin embargo, esta abundancia de conocimiento ha traído consigo una consecuencia inesperada: retenemos menos. Este fenómeno, conocido como efecto Google o amnesia digital, describe cómo nuestro cerebro ha cambiado su manera de almacenar información. Ya no memorizamos los contenidos, sino los caminos que nos conducen a ellos. Recordamos dónde buscar, pero no necesariamente qué aprendimos.

Nos hemos adaptado a un entorno donde saber buscar parece más útil que saber recordar. En lugar de desarrollar la memoria y la comprensión profunda, entrenamos nuestra mente para encontrar respuestas rápidas. Nos convertimos en intermediarios entre la pregunta y el buscador, delegando el esfuerzo del pensamiento a la tecnología.

Plataformas como Google, Wikipedia, YouTube, Facebook, Instagram, WhatsApp y las nuevas inteligencias artificiales se han convertido en extensiones de nuestra mente. Pero en esta dependencia silenciosa corremos un riesgo: confundir acceso con entendimiento. Tener la información no equivale a poseer conocimiento, y mucho menos sabiduría.

El peligro no está en usar la tecnología, sino en permitir que piense por nosotros. Si solo aprendemos a buscar, y no a razonar, podríamos acabar sabiendo cada vez más cosas… sin realmente entender ninguna.

En medio de esta avalancha digital, recordar sigue siendo un acto de resistencia. Comprender, un gesto de profundidad. Pensar por cuenta propia, una forma de libertad.

¡Adiós al razonamiento!





jueves, 4 de septiembre de 2025

LA CASTRACION COMO METODO DE CASTIGO

Por: Lino Estevez
Noticias D AKI Y D AYA

La castración química no puede considerarse como una solución al delito de violación sexual. Sus consecuencias médicas y psicológicas son fuertes, y en el plano legal y ético sigue siendo muy polémica; además, puede provocar que las personas sometidas al tratamiento desarrollen resentimiento y odio hacia el sistema judicial y la sociedad, lo que puede dificultar la reinserción social, porque la castración no asegura que el agresor no reincida con otra modalidad, ya que no todos los delitos sexuales dependen solo del impulso sexual.

En algunos países, en casos de violaciones y crímenes sexuales extremos, se ofrece la opción de castración a los agresores de manera voluntaria como coerción para reducir pena o salir de prisión bajo medidas de libertad condicionada.

Por otra parte, de acuerdo a estudios médicos, la suspensión de la medicación, en la mayoría de los casos, la función sexual puede recuperarse, lo que limita su efectividad como medida permanente.

En consecuencia, este proceso da como resultado que el individuo presente síntomas de depresión, ansiedad, trastornos de identidad o sentimientos de humillación y estigmatización que lo marcan de por vida, dificultando su reintegración.

La castración puede reducir los impulsos sexuales en ciertos agresores, pero no es una solución absoluta. Sus consecuencias médicas y psicológicas son fuertes, y en el plano legal y ético sigue siendo muy polémica, porque puede violar derechos humanos y no garantiza por sí sola la prevención del delito.