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Por: Lino Estevez
NADIE CUIDA EL ORDEN
En la actualidad, existe una preocupación generalizada sobre la convivencia ciudadana. El desorden social, la desobediencia a las leyes y la violencia parecen haberse vuelto cotidianos; la ciudadanía empieza a sentir que «nadie cuida el orden».
Cuando una sociedad percibe que la agresión callejera, los insultos en público o el vandalismo han dejado de ser hechos aislados para convertirse en conductas habituales, resulta evidente que el problema no puede abordarse únicamente desde un enfoque punitivo ni resolverse con medidas aisladas. Por el contrario, se hace imprescindible un esfuerzo coordinado y sostenido entre los distintos sectores sociales.
La sucesión de agresiones de diversa índole está impactando de manera significativa al país. Se observa un deterioro evidente en las relaciones sociales: pleitos en la vía pública, accidentes provocados por imprudencia, violencia intrafamiliar, consumo de sustancias prohibidas y un aumento sostenido de la delincuencia.
En este sentido, convocar a los actores sociales es un paso fundamental. Las juntas de vecinos, líderes comunitarios, iglesias y organizaciones civiles —que mantienen un contacto directo con la población— resultan esenciales para fomentar la convivencia, promover valores, fortalecer el respeto mutuo y construir relaciones más armónicas entre los ciudadanos.
Sin embargo, persiste la percepción de que muchas personas actúan bajo la premisa de que pueden hacer lo que deseen sin consecuencias. Mientras tanto, las autoridades parecen no asumir con la debida firmeza el rol que les corresponde, desatendiendo su responsabilidad de garantizar la seguridad y de aplicar las sanciones establecidas a quienes infringen la ley.
